Empieza por la identidad que ya tienes
Una identidad nueva no tiene por qué borrar todos los elementos conocidos. Podemos revisar el logotipo, la tipografía, los colores, la fotografía y los materiales actuales para distinguir qué funciona y qué genera fricción. La pregunta es si una persona reconoce al mismo negocio en la web, los perfiles sociales, los documentos y las piezas impresas. Esa revisión ayuda a decidir si conviene un ajuste concreto o un sistema visual más amplio.
